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Unas lágrimas no nos vendrán mal, por Gabriela Wiener

Gabriela Wiener, Columna en el diario La República (https://larepublica.pe/politica/1248904-lagrimas-vendran-mal)
Unas lágrimas no nos vendrán mal, por Gabriela Wiener

A los pocos días de morir mi papá, Chachi me invitó a El Virrey a conversar, pero no a la librería sino a su despacho del segundo piso, puso dos vasos sobre la mesa, los llenó de whisky y nos pusimos a llorar. “Unas lágrimas por Raúl no nos vendrán mal”, me dijo, y así pasaron varias horas.

Apenas nos conocíamos pero yo sabía que estaba frente a ese tipo de persona a quien le has confiado algo que no le confiarías a cualquiera: En El Virrey se venden mis libros. En esa librería mi papá compró un libro mío que me daba pudor que leyera, lo supe porque me lo contó Chachi ese mismo día. En El Virrey pasaban ese tipo de intimidades. En El Virrey también se venden los libros de mi papá, que casi no se venden en ningún lado. Cuando nadie quiso venderlos en la Feria del Libro, Chachi movió cielo y tierra para lograrlo.

Tampoco es tan raro, además de estar en el mismo bando –y de haber sufrido juntos la última gran traición política de sus vidas, la de Ollanta Humala, “que cerró los peores tiempos de una izquierda vana e infantil”–, Chachi era una radical como mi padre. O más. Y eso es una joya rara en el mundo del libro, tan lleno de gente aburguesada.

“Soy un animal político y soy sectaria con los que no quieren ni la unidad ni la justicia para todos”, me dijo. Cuando hace unos años le propuse entrevistarla “por el día de la mujer” me contestó: “acepto encantada, aunque de mujer tengo poco”. Ahora que la releo, en esa entrevista está Chachi Sanseviero en todo su esplendor. Allí nos contó a todos que tras 45 años de vivir en el Perú aún no había manera de que consiguiera la nacionalidad: “Me he declarado paria y sin derecho a voto”.

Y así se fue. Toda su vida consistió en demostrarnos por qué las librerías no deben ser franquicias sino templos con libreros, jamás comercios sino lugares de servicio con mística en los que vender libros, no mercadería. Adiós infinito, virreina de los libros, camarada.

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