ULTIMOS TESTIGOS

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Editorial:
DEBOLSILLO
Año de edición:
Materia
Literatura internacional
ISBN:
978-607-31-4929-7
Páginas:
333
Encuadernación:
Otros
S/79.00
Disponible
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De la Premio Nobel de Literatura 2015, una obra maestra inédita hasta ahora que recoge el recuerdo de los niños que sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial. Un tema de gran interés desde una perspectiva totalmente distinta.

La Segunda Guerra Mundial dejó casi trece millones de niños muertos y, en 1945, solo en Bielorrusia, vivían en los orfanatos unos veintisiete mil huérfanos, resultado de la devastación producida por la guerra en la población de ese país. A finales de los años ochenta la Premio Nobel Svetlana Alexiévich entrevistó a aquellos huérfanos y compuso con sus testimonios un emocionante relato de una de las mayores tragedias de la historia.

Esta obra maestra inédita constituye un retrato personal y profundamente conmovedor del conflicto en el que la propia autora no interviene más allá del prólogo: son sus protagonistas los que hablan conformando con sus palabras una especie de memoria coral de la guerra, original, auténtica y fascinante.

"Yo no estoy sola en este podio... Hay voces a mi alrededor, cientos de voces. Ellas siempre han estado conmigo, desde la infancia. Me crié en el campo. De niños, nos encantaba jugar al aire libre, pero al caer la noche, las voces de las mujeres de los pueblos cansados que se reunían en los bancos cerca de sus casas nos atrajeron como imanes.

Ninguna de ellas tenía esposos, padres o hermanos. No recuerdo a los hombres en nuestra aldea después de la Segunda Guerra Mundial: durante la guerra, uno de cada cuatro bielorrusos perecieron, ya sea luchando en el frente o con los partisanos. Después de la guerra, nosotros, los niños vivíamos en un mundo de mujeres. Lo que más recuerdo, es que las mujeres hablaron sobre el amor, no la muerte.

Contaban historias acerca de despedir a los hombres que amaban el día antes de ir a la guerra, hablaban sobre que esperarían por ellos, y la forma en que todavía estaban esperando. Los años pasaron, pero la esperar continuaba: 'No me importa si él perdió sus brazos y piernas, yo lo llevaría'. Sin brazos... ni piernas... Creo que he sabido qué es el amor desde la infancia...

Aquí están algunas melodías tristes del coro que escucho..."

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